Día 12, mes 4, año 0

—¿Os habéis peleado?

—¿Qué?

—Lo digo porque como no vais cogidos de la mano…

Parece que Alberto realmente está viviendo aquí. Nos lo hemos encontrado paseando con Bela por la calle. Ellos tampoco iban cogidos de la mano. De hecho, Bela se ha quedado siempre detrás de él y ni siquiera ha levantado la vista del suelo.

¿Se comportó así durante la cena? No consigo recordarlo, estaba demasiado ocupada intentando ignorar las pullas de su marido. Espero que el desgraciado de Alberto no la trate mal. Creo que disfruta haciendo sufrir a la gente, pero a su propia mujer…

No contento con haberme jodido en el instituto, o con haberme quitado a Javier de una manera tan brusca, el tío sigue insistiendo en meterse en mi vida. Me ha propuesto que quede con Bela un día de estos. ¿Cómo puede existir gente así?

—Va, mujer, no tiene a nadie.

—Ya veremos…

—Os lo pasaréis bien. Será como en los viejos tiempos. Bueno, no tanto, eso lo curamos, ¿verdad?

La otra ni se ha inmutado, tiene las mismas ganas de quedar que yo: ningunas. Paco ha sido rápido y me ha arrastrado de la mano para evitar que saltase. Dos veces me he encontrado a Alberto y dos veces la misma cantinela. El muy desgraciado se regodea en la paliza que me dio. Me gustaría ser capaz de devolvérsela, de gritarle, pero tengo que reconocer que, por muchos años que hayan pasado, le sigo teniendo un poco de miedo.