Día 14, mes 5, año 0

No he podido inscribirme en la comisión de barrio. Ya he pedido que inicien todos los trámites necesarios, aunque a punto he estado de no solicitarlo. Cuando he ido al local de la comisión, me he encontrado allí a Alberto Fuckingmaster, como si volver de las vacaciones no fuese suficientemente malo.

Esta vez, su cara era una máscara de odio, sin esa sonrisa de superioridad que lo caracteriza. Que yo estuviese allí ha hecho caer toda su fachada, y lo que hay debajo da mucho miedo. Cuando ha hablado, lo ha hecho muy despacio y tranquilo, contradiciendo con cada palabra la actitud de su cuerpo. Parecía que estuviese haciendo un gran esfuerzo por contenerse.

—¿Qué haces aquí?

—Vengo a apuntarme a la comisión de barrio.

—Ah, no. No, eso no lo permitiré.

—¿Cómo?

—Gente como tú va en contra de lo que significa esta institución, este país. ¿Has venido a reírte de nosotros?

—¿Qué significa «gente como tú», Alberto?

Se me ha acercado mucho, muchísimo, y me ha susurrado algo que ha estado en mi contra en demasiadas ocasiones. El mismo argumento aparece una y otra vez para cerrarme las puertas.

—Sé lo que eran tus padres. Tú eres todavía peor que ellos. No quiero que manches el Partido.

No recuerdo lo que le he dicho, si es que he sido capaz de decirle algo. No podía dejar de mirarlo a los ojos. Estoy segura de que quería pegarme. Por suerte, ha aparecido una mujer y se lo ha llevado para dentro. Yo me he quedado con la recepcionista, que es la que finalmente me ha convencido de que debía apuntarme.

—No te preocupes, nena, este viene pocas veces, y menos a echar una mano.

Antes de ser miembro de la comisión, debo afiliarme al Partido. He tenido que firmar un consentimiento para que accedan a mi partida de nacimiento y me faltará pagar las cuotas. A mi reputación, historial médico y CV ya pueden acceder ellos.