Día 15, mes 1, año 0

Para no querer meterme en problemas, me los busco muy bien. Ayer, por fin, me decidí a usar la máquina para clonar una TC de una mujer cualquiera en el tren. Aunque estaba de los nervios, salió bien y supongo que por eso me vine arriba.

No sé qué me ha pasado por la cabeza esta mañana, yo nunca he sido tan impulsiva, pero he visto la tienda y ni siquiera he dudado. Es un local que veo siempre cuando bajo del tren camino al trabajo, supuestamente se dedica a la informática para empresas. Por dentro, la tienda es desastrosa, solo hay un mostrador y un hombre canoso detrás. No hay estantes, ni pósteres, ni sillas, ni nada que haga parecer que se venda tecnología. Claro que, teniendo solo un cliente…

Pretendía comprar un par de tarjetas RFID en blanco para grabar los datos de las TC que he clonado y no tener que ir grabando la mía. Si algún día dejase de poder escribir encima, estaría jodida.

—Las tarjetas RFID las entregamos únicamente en el puesto de trabajo. Ya sabe, el acta 23/-13.

—Claro, disculpe, soy un poco olvidadiza para estas cosas.

—Imagino… No se preocupe, señorita, dígame su IC y su número de empleada y mañana mismo las tendrá en su mesa.

La verdad es que no sé ni cómo he salido de esa. Si le llego a dar mi número de identificación de ciudadana, se habría dado cuenta de que no trabajo para Ingenieros Maravillosos y me habría metido en un buen lío. No tenía ni idea de que no podía comprar tarjetas en blanco.

Tengo que pensar un poco más. Desde que se llevaron a Clara, parece que esté deseando que se me lleven a mí también.

De la lista de libros descatalogados, ni rastro.