Día 15, mes 2, año 0

He vivido el San Valentín más raro que recuerdo. En contra de todo pronóstico, parece que incluso conseguí una cita.

Ayer traté de pasar la tarde lo mejor que pude y, cuando me di por vencida, recurrí a la misma solución de siempre: Ur. Se ha convertido en uno de mis mejores amigos desde que se llevaron a Clara. Cuando llegué al bar, no había nadie, no estaba decorado y Ur no estaba detrás de la barra, sino bebiendo cerveza en una de las mesas.

—Hola, me alegro de que hayas venido.

—¿Estás solo?

—Sí, el bar está cerrado.

—Lo siento, no lo había visto.

—Tranquila, estaba pensando en llamarte, quería que vinieses.

Aquella frase fue la que hizo que aceptase todo lo que ha pasado sin hacer demasiadas preguntas. Yo confío muchísimo en Ur, y ayer me dejó claro que él también me considera una amiga.

Estuvimos charlando un rato y, sin que me diese cuenta, se había puesto serio y me estaba alargando un sobre de tamaño A4. Con el bar en semipenumbra, la música de jazz suave y los dos solos sentados en un local vacío, casi parecía una mala película de espías.

—Me gustaría que me echases una mano.

—¿Qué es esto, Ur?

—Me da vergüenza explicártelo, ya lo verás. Sé que puedo confiar en ti.

No me dejó abrir el sobre delante de él. Si no me hubiese pillado con la guardia baja y si la conversación hubiese ido diferente, creo que no lo habría cogido. La intensidad de esos ojos grises puede conmigo. Además, él me ha escuchado todo este tiempo, las amistades deben ser recíprocas.

Cuando llegué a casa, sentía más sueño que curiosidad y no he abierto el sobre hasta hace un rato. Suerte, porque, si lo llego a abrir, habría bajado otra vez.

foto Javier

En el reverso de la foto está escrito: «Miércoles que viene a las 6 PM»

Confiaré en Ur y acudiré a la cita. Si no le hubiese contado la historia de Clara, pensaría que trata de emparejarme.