Día 18, mes 11, año 0

Mis temores eran ciertos: Alejandro es el miserable que su hijo siempre me ha dicho que era. ¿Cómo puede alguien hacerle eso a su propia hija? Incluso si no hubiese sido él quien consiguió la TC dorada a Cami, alguien con sus contactos debería poder anularla. ¡Es su propia hija! ¿Dónde me deja a mí esto?

La despedida de soltera fue muy bien hasta que lo descubrí. Fuimos al sur y llevaban organizadas un montón de actividades: paddle surf, banana de esa que tiran de ti con una lancha, sesión de spa más masaje y luego cena con música en directo en la piscina de la casa rural. Por la noche, a la entrada de la discoteca, me di cuenta de que Cami hablaba con su marido por teléfono.

Cariño, estoy con <Mi nombre aquí>, es su despedida de soltera.

—…

Solo por esta noche, sí, no te preocupes. Actívame el permiso.

Había vivido una situación muy similar con Bela y, con todo, me resistía a creerlo hasta que hablé con ella. Cuando le dije que la había oído hablar con Abel lo reconoció, y lo defendió como algo bueno. Según ella, ceder en pequeñas cosas como las tarjetas doradas tiene muchas ventajas.

Lo descubrirás muy pronto. Si eres una buena esposa, te beneficiará más que perjudicarte.

Después, el fin de semana perdió los colores. Solo el día resacoso que arrastrábamos todas me salvó de tener que dar explicaciones. No quiero verme vinculada para siempre a un hombre, no quiero que nadie controle a dónde voy o a qué sitios puedo entrar, no quiero una TC dorada ni descubrir cómo beneficiarme de ella.

Paco vuelve a dormir en casa, aunque preferiría que siguiese en el trabajo. Me alegro de que pueda descansar, pero necesito hablar con él de todo lo que ha pasado y no sé cómo afrontarlo. ¿Sabe él que su hermana tiene una tarjeta dorada? ¿Sabe que está vinculada al marido?

Si no lo sabe, no quiero ser yo quien se lo diga, y, si lo sabe, tengo que ir pensando en cómo evitar convertirme en su esclava.