Día 2, mes 4, año 0

Ahora que por fin tengo el ordenador en el comedor, me da vergüenza que Paco descubra que llevo un diario. Es algo propio de niñas o adolescentes, no de una mujer adulta.

Hemos reestructurado un poco el salón para poder montar allí los dos ordenadores y hemos encargado unas sillas de gamer superchulas que deberían llegar en un par de días. Lo único que no acaba de convencerme es que estamos uno al lado del otro, apenas tienes intimidad. De momento no se nos ha ocurrido una solución mejor.

Voy escribiendo por la calle. Sería una buena solución si no me preocupase también La Cripta o la historia de Javier sobre cómo murieron mis padres. Desde la mudanza, he dejado de lado todas las cosas en las que estaba trabajando, y creía en ellas. No quiero abandonarlas.