Día 2, mes 5, año 0

Estoy indignadísima. ¡Se niegan a darme las vacaciones! Llevo tres años sin coger ni un solo día de vacaciones y, aun así, mi jefe se niega a dármelas. Parece ser que no pueden prescindir de mí. En estos momentos «hay demasiado trabajo». Tres años sin cogerme un puñetero día porque siempre hay mucho trabajo y no quiero dejarlos tirados y, cuando los necesito, me lo pagan de esta manera. Se lo he dicho tal cual a Jorge, y encima me dice que tengo que entenderlo y mirar también por la empresa.

Al menos me ha ofrecido una alternativa. Es una mierda, pero la he aceptado porque necesito esos días. Me siento traicionada: lo he dado todo por ellos. Podrían devolverme un poquito…

—Puedo darte cinco días de retiro espiritual.

—¿Y qué diferencia hay?

—Por ley, los días de retiro espiritual no puedo negártelos.

—Tampoco se cobran.

—Eso es lo de menos. Piénsalo, no te bajaría la reputación y te seguirían quedando todos los días de vacaciones.

—¿Acaso los podré pedir este año?

—No te pongas así. Si decides pedir el retiro espiritual, solo tienes que tener en cuenta que debes ir a la iglesia todos los días.

He estado tentada de seguir discutiendo, aunque sabía que no le iba a sacar nada más. He antepuesto mi salud mental a mi orgullo y he cogido los dichosos días de retiro. Tendré que empezar a aceptar que no los cobraré.

Aunque es muy injusto que me traten así, me alegro de tener alternativa, pensaba que los retiros eran solo para ir a las conferencias de revisión anual. Le pediré a Paco que pida también vacaciones, me gustaría que viniese conmigo.