Día 21, mes 4, año 0

La cita con Bela ha sido un desastre. No quiero volver a quedar con ella, y más si eso supone tener que ver a su marido. Su frase de despedida me ha dejado muy mal cuerpo.

Habíamos quedado en un café y Paco tenía que pasar a buscarme a las siete para evitar que la cosa se alargase. Ha aceptado a regañadientes, porque, si fuese por él, ni siquiera me habría presentado.

—Paco, tú sabes que Bela y yo… Nosotras fuimos…

—Lo sé, pero no es Bela quien me preocupa, sino Alberto.

Eso no he podido discutírselo, a mí también me preocupa Fuckingmaster, pero no le he contado a Paco el encuentro del otro día. ¿Cómo iba a decirle que quedo con Bela precisamente por miedo? Me he tragado las ganas de contárselo todo y he insistido en que Bela es una amiga y en que me pasase a buscar para que no se eternizase.

Al final para nada, porque se ha hecho extremadamente incómodo y Alberto se ha adelantado al plan de retirada. Durante todo el rato, apenas hemos cruzado cinco o diez palabras. Al final, cansada del silencio, le he preguntado.

—¿Qué pasó, Bela?

—¿Qué pasó? Tú deberías saberlo mejor que nadie.

Lo ha dicho sin odio, sin rencor, con una pena infinita. La he visto tan vulnerable cuando lo ha dicho que me he disculpado sin saber muy bien por qué. Todavía ahora no lo sé. Creo que estaba a punto de contármelo cuando ha aparecido Alberto. Ese momento especial que se había creado, el único en todo ese rato, se ha esfumado. Él parece no haberse dado cuenta de nada, debe ser porque siembra malestar allí por donde pasa.

Me he sentido tan descolocada con su llegada que no he podido evitar decírselo, pero ojalá, ojalá, no lo hubiese hecho.

—Ya tienes lo que querías, ¿no? Ya hemos quedado las dos, aunque parece que no te fías de dejarnos solas.

—Claro que tengo lo que quería, yo siempre consigo lo que quiero. Solo una cosa se me ha escapado en la vida y, después de muchos años, vuelvo a ir tras ella.

Lo ha acompañado de un sonoro cachete en el trasero de Bela, que ya se había levantado para irse, y de un guiño.

Es un cerdo, y lo peor es que parece capaz de cualquier cosa. Ha usado a Bela para montar esta escenita, no me extraña que me odie. Me lo merezco. Debería haber escuchado a Paco y no haberme presentado.