Día 23, mes 2, año 0

Tengo que romper una lanza a favor de Paco porque solo quería jugar a un juego de mesa de nombre impronunciable. Tendré que replantearme el concepto que tenía de él y aceptar que solo quiere que seamos amigos. Eso hace las cosas más fáciles.

Me ha machacado en la primera partida, pero en la segunda he estado a punto de ganarle. Ha sido divertido y, además, me ha dado algo en qué pensar. El juego consiste en juntar letras para formar palabras, cuanto más larga es la palabra o más raras son las letras, más puntos ganas. Además, es todo bastante visual, porque las fichas se iluminan en color verde cuando construyes una palabra válida.

—Lo que realmente se ilumina es el tablero. Las letras son solo piezas semitransparentes.

—¿Y cómo sabe el tablero qué letra has puesto?

—Cada ficha lleva un tag RFID, lo mismo que la tarjeta de ciudadano, así que, cuando la dejas sobre el tablero, la pieza le dice qué letra contiene.

¿Significa eso que, si compro el juego, tendría tantas tarjetas del ciudadano en blanco como fichas? No se pierde nada por probar. Si funciona, tal vez pueda volver a intentar conseguir la denuncia de Clara, y, si no, pues lo tendré en casa para jugar de tanto en tanto, solo tendré que buscarme con quién.