Día 23, mes 5, año 0

Ur sabía de mi aplicación para la comisión de barrio y se ha ofrecido a ser uno de mis avales, lo que significa que forma parte del Partido. Me ha costado tomarlo en serio. ¿Cómo puede alguien que regenta un bar sin crucifijo ni lector pertenecer al Partido? Siempre me ha dado la sensación de que Ur no sentía un gran respeto por el código.

—Ja, ja, ja, ja. Y es más o menos así. Pero precisamente por eso estoy en la comisión.

—¿Como? No lo entiendo…

—En un país como este, no importa lo que hagas si pagas o tienes contenta a la gente que importa. El Partido y la comisión de barrio ofrecen un excelente lugar para conocer a las personas adecuadas.

—Pero la reputación, su reputación…

—¿La reputación? No es más que otra manera de controlarnos y, desde luego, no está por encima del dinero ni del poder.

Que lo dijese con clientes en el bar me ha parecido, como poco, temerario. A mí me detuvieron por la denuncia de una vecina cotilla.

Si no lo denuncian antes, ya tengo uno de los avales. Tendré que ponerle mi mejor carita de pena a Paco para que él sea el segundo. La he estado ensayando todo el camino de vuelta a casa, pero ya está durmiendo.

Yo también debería irme a la cama.