Día 27, mes 1, año 0

Escribo hoy para aliviar un poco la ansiedad y para cumplir con mi promesa de que debo poner por escrito lo que pasó, pero me encuentro fatal, tengo las cervicales destrozadas. Los únicos consuelos son la certeza de que llegué sola a casa y que todavía tengo otro día para recuperarme.

Ayer, cuando me desperté, mi habitación apestaba. Pensé que había vomitado, pero solo olía a cerrado, a sudor y alcohol. Hui al sofá lo más rápido que pude y me pasé el día encendiendo y apagando la tele según iba y venía el dolor de cabeza. No me di cuenta hasta la noche de que no había abierto la ventana y la habitación olía todavía peor que por la mañana. Me arrastré de nuevo hasta el comedor y me dejé caer sobre el sofá, que es el que tiene la culpa de que hoy me duela todo. A la que estoy sentada dos minutos, veo las estrellas, y, estirada, la cosa no cambia mucho, así que dejo la historia para otro día porque, si la dejo a medias, no me veré capaz de acabarla.