Día 27, mes 10, año 0

Tal como imaginaba, Paco solo estaba esperando el momento oportuno. Lo que no había previsto era que la cosa terminase así. No tenía muy claro qué podía contarle. Es miembro del Partido y me daba miedo que pudiese escapársele algo en el trabajo o incluso que decidiese denunciar él mismo a Ur. Tiene muy buen fondo, pero es demasiado estricto con las normas. Mientras trataba de escoger las palabras Paco ha rellenado los silencios con su propia historia.

¿Quién es?

Un buen amigo.

¿Y qué hace aquí? ¿Por qué está así de demacrado? ¿No será del comedor de Parias?

No es del comedor, tranquilo.

¿Entonces?

—…

Pensé que…, pensé que te gustaban las mujeres.

No sé si esas dudas son nervios por la boda y por su trabajo o si son auténticos celos. Es cierto que Paco no me ha visto nunca con una mujer, pero pensaba que habíamos dejado claro que no había nada entre nosotros.

Además, apenas tengo tiempo para pensar en romances o en celos. He pasado la mañana intentando encontrar un móvil para Ur. Después de una noche de descanso y un buen desayuno, ha insistido en volver a intentar cruzar la frontera, esta vez por las montañas. No he podido disuadirlo de ninguna manera, así que he pasado toda la mañana tratando de conseguirle un teléfono y algo de dinero y creándole una tarjeta de ciudadano que pudiese usar sin riesgo. Ya que no puedo impedir que se vaya, al menos quiero estar segura de que podrá contactar conmigo cuando consiga cruzar.