Día 27, mes 8, año 0

Lleva desde que discutimos sin dirigirme la palabra. Se me está haciendo duro porque todas las tardes, cuando llegaba de la oficina, nos sentábamos y nos contábamos cómo había ido el día.

Le oculto muchas cosas a Paco, pero me gusta hablar con él, contarle lo que ha pasado en el trabajo. Ahora, en agosto, muchos días se ponía un vestido y comíamos helado los dos juntos. Sé que le he hecho daño y temo haber perdido esas tardes para siempre. Tengo que pedirle perdón. Sigo necesitando su ayuda y se la volvería a pedir, pero me arrepiento enormemente de lo que le dije y de cómo se lo dije. Nunca tendría que haber mencionado a su madre.

Iré a buscarlo al trabajo, tal vez allí me escuche.