Día 28, mes 5, año 0

Hoy ha sido un día emocionante. Al final ha quedado bastante deslucido, pero aún me dura la euforia. Esta mañana, la comisión ha publicado un mensaje en mi cuenta de Social.you anunciando mi entusiasmo por formar parte del Partido. ¡Ha sido la publicación con más reacciones positivas desde que me gradué! Ha subido mi reputación y compañeros del trabajo con los que no hablo nunca se han acercado a felicitarme. Después de una mañana genial, el mensaje oficial ha sido un poco soso.

Poco después de la hora en punto, he salido hacia el local de la comisión. Le he pedido a Ana Maria que bajase conmigo por si Alberto estaba esperando abajo, dispuesto a joderme el día.  Por suerte, me ha dejado en paz.

El sitio tiene algunas mesas, sillas, un pequeño escenario y un bar. Marga, una mujer muy agradable de unos cincuenta y con el pelo canoso, me ha hecho el tour de bienvenida y me ha estado presentando gente. No recuerdo ni la mitad de los nombres, pero ya me los iré aprendiendo. Todos parecían estar supercontentos de que me hubiesen aceptado. Después de cuatro palabras, cada grupito volvía a lo suyo, pero supongo que no puedo esperar hacer amigos el primer día.

—Hoy no hay ninguna actividad, pero siempre verás gente por aquí.

—¿Hay algún día fijo para las actividades?

—Oh, no, no. Te irás enterando por el grupo de Social.you, aunque los viernes algunos solemos venir a cenar al local, eso es fijo.

Aparte de eventos puntuales, la comisión gestiona varias iniciativas sociales en el barrio. He terminado apuntándome como voluntaria en un comedor para Parias. Marga también está y me lo ha vendido muy bien. La gente sin reputación puede ir allí y les dan de comer, a cambio, lo único que se les pide es que colaboren con algunas tareas, como fregar los platos.

Cuando Marga me ha dejado a mi aire, he estado curioseando un poco sin saber muy bien qué se esperaba de mí. Por no parecer perdida, me he acercado a una estantería y he encontrado estos folletos.

Durante todo el día, había estado ilusionadísima por la comisión. Por mi cabeza no habían pasado ni La Cripta, ni los correos de Milo, ni mis padres, ni, aunque me avergüence un poco, Clara. El mundo era luminoso, la gente era simpática y me sentía aceptada y feliz. Al ver los folletos, esa ilusión se ha enturbiado.

Todavía me siento eufórica, pero ahora estoy llena de dudas sobre si escojo el camino correcto. ¿Es acertado abandonar los proyectos que empecé?