Día 28, mes 9, año 0

Cuando he llegado, el bar estaba cerrado. Por suerte, he encontrado a Ur en su casa. Seguramente por última vez. Me ha dejado hecha un lío, incluso en su momento más bajo, justo antes de dejar su vida atrás por mi culpa, ha dado con las palabras adecuadas.

—¿Qué es esa mochila?

—Me voy. Me van a ayudar a salir del país.

—¿Cuándo? Este es tu país, ¿a dónde vas a ir? ¿Nadie puede esconderte? ¿Es necesario?

—Sí, es necesario. Me han dicho que algunos de los que se ocultaron, como hice yo, han acabado en centros de reeducación.

Ya no había espacio para la vergüenza ni para aparentar entereza. Todo lo que he estado pasando últimamente se me ha venido encima y me he derrumbado, le he pedido que no se fuera, se lo he suplicado. Le he contado todo lo que había hecho y le he pedido perdón.

—No pidas perdón, solo tendrías derecho a hacerlo si fueses a abandonar, y en ese caso no aceptaría tus disculpas.

—¿Por qué me dices eso? Ur, solo he conseguido hacer daño a gente que me importa.

—El daño ya lo has hecho. ¿Ha sido por nada? ¿Lo vas a dejar así? Al menos termina lo que has empezado, que ese dolor que dices que has causado no sea en vano.

Esas han sido sus últimas palabras. Me hubiese gustado algo más personal, pero es Ur. Lo echaré de menos.