Día 29, mes 5, año 0

Ha vuelto hace un rato. No sé a dónde ha ido, pero le ha ayudado a calmarse. Nada más llegar a casa, se ha derrumbado casi llorando en el sofá. Ahora está en la ducha.

—¿Por qué me has hecho esto? No creo que te haya tratado nunca mal.

—Pero ¿qué te he hecho, Paco?

—…

—De verdad que no lo sé.

Me ha mirado como si no me viese o, peor aún, como si no me reconociese. Al parecer, he hablado con Bela y le he contado que no me trata bien, que no me quiere y que hacemos vidas bastante separadas. Alberto ha elevado una queja ante la comisión de barrio y ante el Partido. Asegura que estamos viviendo en pecado y, por tanto, incumpliendo el código moral.

—¿Viviendo en pecado? Hay muchos novios que viven juntos antes de casarse.

—Sí, pero, estrictamente hablando, tiene razón. Alega que, por lo que se puede ver en tus interacciones, soy tu primer novio. Alberto teme que solo quiera usarte o que abuse de ti.

En el Partido han aceptado la queja y la estudiarán. Si descubren que Paco no tiene intenciones honestas o que no pretendemos formalizar la relación, le retirarán la afiliación al Partido y, por consiguiente, perderá su trabajo. Su reputación iría detrás. Lo he visto tan mal que he llamado a Alberto, tenía que demostrarle a Paco que yo no tenía nada que ver con la queja.

—Hola, preciosa.

—¡¿Se puede saber qué has hecho, Alberto?!

—Te lo advertí. No puedes jugar a esto conmigo.

—Deja en paz a Paco. Él no pinta nada en esto.

—Si te metes conmigo, haré que lo pierdas todo. Vendrás arrastrándote. ¿No querías pertenecer al Partido? Rec-ti-tud, entonces.

—…

—Ah, y no te preocupes: si Paco no te propone matrimonio, ya sabes dónde estoy.

Tenía puesto el manos libres y pensaba que volvería a gritarme de nuevo por haber insistido en apuntarme a la comisión y haber provocado esto. Le he pedido perdón, le he prometido que la dejaría si él me lo pedía, pero no quiere que deje la comisión. Paco no me culpa por la cancelación de la boda. Después de colgar, estaba como deshinchado y se ha ido directo a la ducha. De hecho, sigue allí. Tendré que ir a ver si está bien.