Día 29, mes 8, año 0

No ha llegado todavía a casa. Sé que aún es temprano, pero hoy no puede llegar tarde. La única manera que he encontrado de quedarme quieta es escribir. No me puede volver a pasar esto, otra vez no.

Esta mañana he ido al trabajo en taxi. Después del incidente del otro día con Alberto, no me atrevía a ir en tren. A la vuelta, he salido con Ana María y, como no lo he visto fuera, he decidido volver en transporte público. Ha sido un error. Me lo he encontrado en la estación.

—Hola, <Mi nombre aquí>. La otra noche no debí importunarte, era un mal momento. ¿Qué te parece ahora?

—¡Lárgate!

—No te preocupes, Paco no nos pillará.

—¿Por qué no me dejas en paz? Quiero que me dejes en paz.

—Tranquila, no va a estar en casa.

—…

—¿Cuántas cosas voy a tener que quitarte para que decidas acercarte a mí? ¿Voy a tener que hacerte suplicar por ayuda?

No sé qué ha querido decir con eso. Mentira, sé exactamente lo que ha querido decir, pero deseo con todas mis fuerzas que sea una patraña. He escrito a Paco, pero no me contesta. Si no soliese olvidarse del móvil durante el trabajo, significaría algo, pero no es el caso. Al menos hoy podría mirarlo…

He pensado ya tres o cuatro veces en ir a buscarlo, pero no me atrevo. ¿Que pasaría si me vuelvo a encontrar a Alberto?

¿Por qué no llega todavía? ¡Necesito que se acabe ya esta maldita espera!