Día 3, mes 1, año 0

Por fin he podido contar lo que pasó a una persona real, de carne y hueso. Escribirlo me ayuda a organizar mis ideas, pero poder decirlo en alto me ha ayudado a compartir un poco la carga. Sé que Ur podría denunciarme, debería hacerlo si es un buen ciudadano, pero necesitaba confiar en alguien.

Hacía muchísimo tiempo que no iba a su bar. Solíamos ir juntas o con el grupo de amigos, y ahora que no están ni ella ni los demás, no tenía motivos ni ganas. Ha sido la frustración lo que me ha hecho andar hasta allí, y me alegro un montón.

Desde ayer, he estado dándole vueltas a lo de hackear mi entrada al piso de Clara y creo que es la solución. No puedo hacer nada con el lector de tarjetas porque tendría que modificarlo in situ, y no sabría ni por dónde empezar. Lo que sí podría funcionar es clonar la tarjeta de alguno de los que vive en el bloque. Todos tenemos a mano un lector, solo tendría que conseguir que también fuese capaz de escribir.

Estaba concentrada en crear ese clonador y todo iba bien mientras sabía en qué dirección avanzar, pero, en cuanto me he empezado a quedar encallada, han vuelto otra vez la culpa, el remordimiento y los recuerdos. Ya que yo misma no soy capaz de mantener a raya a mi cerebro, he pensado que lo haría el alcohol.

—Hola, hacía tiempo que no pasabas por aquí.

—Han sido días duros. ¿Has visto a los demás?

—No. ¿Los esperas? ¿Queréis vuestra mesa?

No quería su mesa, así que me he sentado en la barra. El bar estaba vacío y Ur se ha sentado conmigo, como si fuese un cliente más, y hemos estado charlando. Es un tipo extraño, con su pendiente en la oreja y vestido como si hubiese nacido en otra época, y, aun así, transmite confianza. Supongo que por eso me he atrevido a contárselo todo, incluso que Clara y yo éramos más que amigas.

—¿Por eso no van a venir los demás?

Hasta que no lo ha dicho no había pensado en por qué han dejado de hablarme, es posible que sea porque se enteraron de lo nuestro. Preferiría no cargar con nuevas preocupaciones, simplemente tengo que aceptar que ya no están.