Día 30, mes 10, año 0

Gracias a Dios. Por fin he podido quedarme tranquila. No dejaba de imaginarme destinos horribles en los que detenían a Ur o se despeñaba por un precipicio.

Ya puedo volver a concentrarme en la boda y en Paco, que, como él mismo dijo, también necesita que lo ayude. Aunque no es lo único que necesita: tengo que decirle cuatro cosas. Mientras Ur empieza una nueva vida, yo tengo que tratar de que la mía vuelva a la normalidad.