Día 6, mes 11, año 0

Mira lo que me ofreció mi padre el lunes. Dudaba si enseñártelo o no.

Lo ha soltado así, sin preámbulos, mientras sujetaba una tarjeta dorada delante de mí. Me ha costado un poco asimilarlo porque nunca me había imaginado que Paco fuese capaz de un regalo de bodas así. Él insiste en que no piensa dármela, claro, pero la cogió, y eso ya es mucho. Teme a su padre, y si él lo presiona…

¿Qué narices significa eso, Paco?

Pues, según los estándares de mi padre, te lo puedes imaginar…

Ah, muy bien, pues nada, ya sabes cómo castigarme si no soy una buena esposa.

¡No te enfades conmigo! ¡Esto es cosa de mi padre!

Siempre la misma excusa, nunca puede hacer nada. El problema es que acaba bailando al son de su padre por mucho que lo desprecie. Tengo que pensar alguna manera de escaparme si le da por regalarme la TC dorada. ¿Puede activarla sin mi consentimiento? Claro, qué pregunta más absurda, ¿quién iba a dar el consentimiento para algo así?

No quiero acabar como Bela, pidiendo permiso para ir a comprar unos zapatos