Día 8, mes 2, año 0

Escribir en el diario no consiguió aliviar la presión que sentía en el pecho cuando llegué a casa. Intenté llorar, odiar a Montse o a Paqui, pero no funcionó. Al final, desistí y bajé al bar de Ur. Si él no conseguía animarme, me adormecería la cerveza.

Mentiría si dijese que Ur me hace reír o que hace que me olvide de las cosas, pero no me engaña ni intenta endulzar la verdad y, al final, acaba ofreciéndome otras perspectivas.

—Nunca he conocido a nadie que haya salido de un centro de reeducación, y, si sale…, si sale, estoy seguro de que no será la misma Clara.

—Joder… Una llamada, cuatro palabras y mira lo que puede hacerte una vecina…

—Si te sirve de consuelo, a ella también debieron ficharla. Una denuncia así solo se puede presentar en la comisaría.

Con ese consuelo estúpido, me daba algo de lo que preocuparme. Si hay una denuncia, debe haber un informe, y en el informe pondrá en qué centro está Clara o, al menos, habrá algún indicio de si está bien.

No sé lo que haré con esa información, pero quiero saber si tengo alguna opción de volver a verla.