Día 8, mes 4, año 0

Llevo tres días sin noticias de Javier y me está afectando mucho más de lo que pensaba. ¿Se está repitiendo lo de diciembre?

No he tenido valor para contárselo a Ur y no veo cómo podría decírselo a Paco si le oculté que estaba saliendo con otro hombre. No exteriorizarlo me quema por dentro, estoy inquieta, he vuelto a morderme las uñas y me cuesta dormir. Cuando lo consigo, Alberto Fuckingmaster aparece en mis pesadillas.

Tengo la esperanza de que escribirlo contribuya a calmar todo lo que se revuelve en mi interior, igual que me ayudó a superar lo de Clara.

Hace tres días había quedado con Javier y llegué antes que él, así que me pedí un café para hacer tiempo. Justo cuando me lo trajeron, un tipo de negro se sentó en mi mesa. No me di cuenta de que era Alberto Fuckingmaster hasta que abrió la boca.

—Hola, <Mi nombre aquí>, ¿has quedado con alguien?

—¿Qué haces aquí?

—Uhhh, qué recibimiento… Yo que he pedido el traslado por ti…

—Pues por mí podrías haberte quedado donde fuese que estuvieses.

—No deberías hablarme así, mujer. Vengo a verte porque has aparecido en un expediente del trabajo.

—¿Del trabajo?

—Sí, me encantaría verte en otras circunstancias, pero hasta entonces…

No entendía muy bien lo que estaba pasando. ¿Por qué iba a salir en el expediente de nadie? ¿De qué trabaja Alberto? Llevo pensando desde entonces que podría ser de la policía militar, pero no puede ser, no llevaba el brazal. Cuando me puso la mano en la rodilla, no supe cómo reaccionar y él se dio cuenta y se rio. No quiero volver a revivir aquella época, pensaba que Alberto ya me había hecho todo el daño que podía, ¿por qué vuelve a meterse en mi vida?

—¿Sabes?, me sorprendió saber que ahora vives con Paco y me sorprendió aún más que tuvieses un amante. Me alegra ver que pude curarte.

—¿Curarme? ¿Cómo puedes…?

—Vamos, vamos, tranquila. No te tendré en cuenta que hayas sido infiel. No me importa, significa que en algún momento el otro puedo ser yo.

—…

—Desde que te vi en la cena, no he podido dejar de pensar en ti, <Mi nombre aquí>. Enseguida te darás cuenta de que Paco no es lo suficiente hombre.

—…

—¿No vas a decir nada? Está bien, deja que te dé un consejo: lárgate de aquí. Sé una buena novia y no veas más a Javier.

Fue en ese momento cuando reaccioné, le escribí a Javier diciéndole que no viniese, me inventé tres o cuatro excusas diferentes. No contestó ninguno de los mensajes. Desde aquel día, no sé nada de él. Estoy segura de que se lo han llevado igual que a Clara.

Hay momentos en los que me quedo bloqueada, vacía, tratando de averiguar si podría haber hecho algo más que irme.

¿Por qué se ceba el universo conmigo? Las dos peores experiencias de mi vida, que a duras penas había sido capaz de superar individualmente, se juntaron hace tres días en un bar de la plaza Mayor y solo fui capaz de volver a huir.