Día 8, mes 7, año 0

Aunque todavía no se como se llama, ya he conocido al padre de Paco, y de que manera… Cuando he salido de casa para ir a trabajar, me he encontrado dos militares que guardaban la puerta.

—¿Señorita <Mi nombre aquí>?

—Sí, soy yo. ¿Pasa algo? Iba ahora a trabajar.

—Eso no será necesario, le hemos enviado un justificante a Jorge.

Era tan similar a la otra vez que me detuvieron que me he quedado petrificada. Las piernas no me respondían y creo que, por unos momentos, incluso he dejado de ver la calle. Solo podía imaginarme aquella sala sin ventanas y la cantidad de horas que pasé en ella. Cuando he podido reaccionar, estaba metida en un coche con un militar sentado a cada lado y otro conduciendo. No han abierto la boca en todo el trayecto. He tenido que hacer un gran esfuerzo por mantener la calma. No podía dejar de pensar que Alberto había mandado que me detuviesen.

La mansión a la que íbamos era tan grande que hemos cruzado el jardín con el coche. Cuando me han abierto la puerta, no podía ni moverme y me han arrastrado hasta una sala de estar donde me han dejado sola. No parecía una celda y eso me ha tranquilizado un poco.

Al rato, he entendido qué hacía allí. El hombre que entraba en la sala era una versión de pelo canoso y facciones duras de Paco. Por la cantidad de estrellas en los hombros, me ha quedado claro que se trataba también de un alto cargo del Ejército. Con él ha entrado también una mujer joven bastante bien dotada y con unos ojos clarísimos que creaban un contraste precioso con su pelo negro. Parecía sacada de un cuento.

—Siéntate, mujer. Esto es una visita de cortesía. ¿Quieres un café?

—Sí… Sí, gracias.

—Bueno, perdona mis modales, pero creo que, si hubiese esperado a que Paco se decidiese, no te habría conocido hasta la boda.

Me he sentido tan aliviada que me he puesto a llorar. Mi suegro debe pensar que soy una pija tonta, pero no he podido evitarlo. Hemos estado charlando un rato. No sé si me acaba de caer bien. Es un hombre agradable y muy seguro de sí mismo, pero la manera de llevarme hasta él me recuerda a Alberto. Es propio de un hombre que toma lo que quiere sin pensar en los demás. ¿Les corrompe el poder? Las estrellas y medallas me han dejado claro que lo tiene, más que Albeto a juzgar por la fecha de la boda. Igual que él hace con Bela, el padre de Paco apenas ha mirado a su mujer. ¿Tendrán personalidades parecidas? Yo apenas he podido disimular mi interés por esa mujer y el busto que enmarcaba su jersey celeste. Mis ojos se desviaban constantemente a sus labios, esperando que se despegasen para decir algo. Han permanecido sellados durante toda la visita.

Podría volver al trabajo, pero ¿cuántos días tiene una un justificante para no tener que ir? Mejor disfrutar del sol, tengo que recuperarme del susto.