Día 9, mes 9, año 0

Hace mucho tiempo que dejó de hacerme ilusión este día. Mañana es la fiesta nacional, nada más y nada menos que el Día de la Restauración. Para mí, es cuando todo empezó a ir mal. Algunos días más tarde, mis padres morirían en la manifestación por el cierre de fronteras.

De niña estaba convencida de que todo era culpa de aquella fiesta. Ahora me doy cuenta de que no iba desencaminada. Tampoco creo que mis padres fuesen de aquí. No he necesitado la partida de nacimiento ni encontrarlos en el registro para confirmarlo. Con todo lo que ahora sé, es la explicación más sencilla. Una noche como hoy de hace treinta y dos años, mi madre volvió a casa llorando: la habían despedido.

Al día siguiente no hubo feria, tampoco salimos de casa. Por mucho que lloré y supliqué, mis padres no quisieron llevarme a ningún sitio. Desde aquel momento hasta el día de la manifestación, la casa se llenó de cuchicheos. Mis padres discutían por las noches, cuando creían que no podía escucharlos. Ya en la cama, oía llorar a mi madre.

No necesitaba buscar en documentales o en archivos para saber lo que les pasó realmente, necesitaba recordar. Siento una extraña mezcla de repugnancia y odio hacia todo lo que representa esta fiesta. Todo se ha llenado de banderas y los podcasts, streamings, televisores, radios y altavoces escupen mensajes patrióticos. Mientras todos los medios oficiales predican las bondades de la nación, Paco se mata a trabajar para acabar esa dichosa auditoría interminable y no estará por casa.

Así que este año celebraré la fiesta sola, e igual que este día marcó el inicio del fin para mi familia, pondré una marca en el calendario para aquellos que llevan las riendas, una marca que recordarán con rabia y aprensión en años venideros.

Mi primer objetivo será Milo Esteban. Es discreto en público y muy importante en la sombra. Eso le convierte en el blanco ideal.